19.5.09
Piano Man
7.5.09
Mejor buenos recuerdos, que un pasado perdido
(Amores Perros...)
Ni siquiera te conozco realmente y tu tristeza me importa. Sí, y lo repito una y mil veces, realmente no debería....tus comentarios sobre mi necedad en ser tan preguntón lo reafirman...pero realmente tengo la necesidad, auténtica y sincera, de saber cómo estás...es curioso, cuando te leo puedo sentir tu...cómo decirle..soledad, auto-castigo, culpa, tristeza, decepción......y eso es lo que me preocupa. Claro, me preocupa no porque sientas cosas, sino porque me preocupa que te preocupe y que sientas cosas :D
A veces, en mi intento por pretextar y darle el sentido a las cosas me digo que es nada más que la pura necesidad mi reconocimiento. Pero lo cierto es que me dueles...jajaja, curioso no, ni siquiera sabemos si te conozco, si somos amigos, cuates, conocidos (yo votaría más por esa) pero me dueles...como si fueras alguna persona cercana a mi.
Entiendo que nunca seremos íntimos, que nuestros mundos y todos esos aparatos sociales que rodean nuestros contextos sean los mismos que muchas veces nos separen....es más, ni siquiera se si realmente sería apropiado ser cuatitos y amigüis...pero en verdad que sí..me dueles....(vaya para conclusión)......
3.5.09
9.3.09
Y yo sólo supongo, ya que no me contaron la verdad
U r the car the I never shouldn’t bought
U r the dream I never should have caught
U r the cut that makes me hides my face
Like a car crash I can see but I just can’t avoid
(Pulp-Like a friend)
A él le encantaba verla sonreír. Ella no lo sabía. Él disfrutaba su compañía tanto que, casi le resultaba insoportable cuando ella tenía que irse. Ella no lo sabía. Él quería compartir con ella momentos inolvidables, momentos que sólo ellos tuvieran la capacidad para recordar y darse una mirada de complicidad. Ella no lo sabía. Él buscaba cualquier momento oportuno para demostrar su interés y profusión hacia ella de cualquier modo; dulces, muñecos de peluche, que ella detestaba, flores y libros, sí, esos libros que ella tanto disfrutaba. Ella no lo sabía. Él trataba de sacarla a relucir en todas sus conversaciones; con sus amigos, en la familia, cuando estaba en la universidad, con desconocidos en los autobuses. Ella no lo sabía. Él sabía que ella no lo sabía, pero no le importaba. Pensaba que en algún momento, mejor dicho, en el preciso momento ella se daría cuenta, lo sabría y lo aceptaría. Ella no lo sabía. Él quería construir y compartir con ella algo que fuera más allá de un –Buenos días, cómo te ha ido-. Ella no lo sabía. Él sería capaz de ir hasta la luna por verla sonreír y quitarle la tristeza de sus ojos. Ella no lo sabía. Pero lo que ella sí sabía, o suponía que sabía, era que cada vez que hablaba con él, cada vez que se paseaban juntos, que iban a caminar o a comer algo, cada vez que simplemente estaban sentados uno junto al otro, ella sentía una gran seguridad, una gran paz y alegría. Como cuando sabes que perteneces a un destino y estando en éste, simplemente lo disfrutas y te relajas. Pero ella casi nunca decía lo que pensaba, ni actuaba como pensaba que lo haría. Pero eso él no lo sabía. Y los dos esperaban ese preciso momento, en donde los dos, uno por su parte, lograría darse cuenta de lo que el otro sentía, se entregarían y vivirían su fantasía juntos…pero eso ninguno de los dos lo sabía.
19.2.09
Pensé que eran cieguitos
es estudiante de medicina
se llama Agustín y es un buen muchacho
es a veces terco cuando opina...
-Desaparaciones. Los Fabulosos Cadillacs-
- A ti, negro querido....NUNCA MÁS-
Nunca supe bien su verdadero nombre, bah no el verdadero sino el original. Yo acababa de llegar a una tierra desconocida para mí y no comprendía lo que llegó a pasar acá en un momento. Él vivía entre una zona de clase media y una zona de alto nivel económico. Los fines de semana visitaba a su “familia”, bueno a una de ellas, y ahí lo llamaban “Lauti”, la abuela Pecciotti le decía su “nene” (en el típico acento argento) y se desvivía por él. Decía que era igualito a Facu, “el Pelado”, su padre. Durante la semana vivía en una zona “cheta”, y ahí no se como le decían ni a quien se parecía, sólo se que ahí lo habían criado y le habían creado una vida, ficticia hasta hacía unos años, al mas puro estilo americano.
Yo llegué por pura casualidad, buscando un techo, comidas y un baño con agua caliente y si todo lo anterior podría ser por un precio barato, mejor aún. Llegué un viernes, con el aviso de renta de un cuarto entre las manitos, mientras comían y la abuela se me quedo viendo desconfiadamente. Nunca acepto a extranjeros, me dijo, no son de fiar, pero vos parecés buen pibe. Anda y descansa. Nunca pensé intimar con nadie, yo sólo quería buscar un techo propio y crear mi historia en esta tierra.
Los siguientes días intenté buscar un departamento, monoambiente como acá le dicen, pero no tenía ni la menor idea de cómo empezar y fue que tuve que acudir a la abuela en su ayuda. Ella sonrió y mientras tomaba un mate, bebida extraña para mi en ese momento, dijo “Y Lauti podría ashudarte, él conoce mejor la ciudad que sho”. Le llamó y en un rápido argentino le dijo lo que necesitaba. Él simplemente subió los hombros y dijo que lo haría, me dio la mano y me dijo que en la tarde empezaríamos la búsqueda.
Era raro, para mi idiosincrasia, pero si me ponía a reflexionar toda esta sociedad me resultaba repelente, aunque teníamos el mismo lenguaje no las mismas costumbres. Intenté por todos los medios hacerme de su confianza, “cortar el hielo”, pero nada funciono, sólo respuestas cortas y escuetas recibía de su parte. Que si las bromas, que si la comida, a todo recibía un gesto de indiferencia y un mohín que decía aaa mirá vos.
Esos días fueron muy largos. El domingo se notaba desesperado y me dijo que pararíamos en un bar. Fue cuándo hizo su primer pregunta “y vos ¿hinchás por algún equipo?” Dije que sí, y ahí me confesó algo. Él tenía un grave problema; Facu, así le llamaba él, hinchaba por la Academia, pero su papá hinchaba por River. Yo, no sabiendo que significaba todo ese discurso hice una cara de estupidez, que notó, se volteó y volvió a callarse durante todo el partido.
El lunes cuando desperté no lo encontré en casa. La abuela, con una cara que denotaba tristeza y amargura, me dijo que se había ido. Que no regresaría hasta el siguiente viernes, por la tarde. No me atreví a inquirir más, recordé que suele ser de mala educación y que no estaba en mi sociedad, en mi mundo. Continué con mi búsqueda por los diferentes barrios porteños, con buenos dividendos.
Por la mitad de semana, regresé en la tarde-noche y la encontré con su mate, en el pequeño patio, cerquita del quincho, en su mecedora. En ese momento ya había un poco de confianza. Me quedé a conversar con ella, debido a la excitación de conocer nuevas cosas y que la búsqueda de mi vivienda iba bien. Simplemente observaba, me ofrecía el mate y seguía se mecer. Yo, hablaba y hablaba. Hasta que dijo algo “sabés, sos de la edad de mi nieto, podrías salir con él a los boliches” y continúo su mecer.
La abuela no me lo dijo, ni mucho menos Lauti. No, lo supe por las vecinitas y personas que solían vivir en el barrio. Solía ir al quiosco a comprar el diario y ahí fue dónde lo supe. El pelado estaba casado con Agustina, un mina relinda según me cuentan, y los dos eran jóvenes. Acababan de terminar su carrera, nunca supe de qué, y un día sin más, fueron a la casa de la abuela unos tipos de traje en un ford y se llevaron a los dos sin que nadie pudiera y quisiese hacer algo. No eran tiempos para eso, me decían.
Pasó un día y luego otro y una semana y seis meses y 3 años y la abuela y el abuelo, que en ese tiempo seguía vivo, iban y venían. Buscaron por todo el conurbano, en todas las comisarías porteñas, bueno hasta en el interior, porque le habían dicho que tenían a Agustina ahí, embarazada. Eso fue lo último que supieron. La casa y la familia dejaron de ser lo que eran, a los pocos años el abuelo murió, dicen que de tristeza, aunque los médicos dijeron que fue un paro respiratorio, pero nadie en el barrio se lo creía. La abuela, por su parte seguía yendo a desgarrarse, a luchar por encontrar a sus “desaparecidos”, a gritar en silencio, a intentar algo que sabían era improbable, encontrarlos con vida. Pero ella permanecía estoica en aquella plaza, intentando robarle al tiempo un segundo y mantener sus esperanzas vivas.
Luego, pasó mucho tiempo, el hermano de Facundo creció, se casó y tuvo familia. Visitaban a la abuela, pero está tenía ya un dejo de tristeza, no era lo mismo, decía el viejo del quiosco. No, nunca lo fue. Pero un día, un día algo pasó. Le avisaron a la abuela que habían encontrado al que podría ser su nieto. Dicen que ella no cabía de la emoción, que volvió a poner una recámara para cuando regresara.
Pero en la vida real no pasan los milagros que en los cuentos. Cuentan que Lauti no aceptó de inicio la paternidad, ni mucho menos la familia acomodada y relacionada con la milicia, y que para lograr esto tuvieron que pasar muchos sinsabores. Hasta que un día, un viernes del invierno porteño Lauti tocó la puerta de la casa y se quedó ahí por el fin de semana, y así ha sucedido hasta ahora.
Después de lo que me contó el viejo no supe que decir, nunca le dije nada a la abuela, ni a Lauti. Lo volví a ver dos fines de semana, y claro que intimé mucho más con él, hasta que partí de ahí y me dio su número de celular. Salimos un par de veces y me hizo descubrir la vida porteña de noche, pero de su historia nunca hablamos, ni nunca me invitó a su casa. De la abuela, fui a tomar mates con ella un par de veces y siempre que salía de su casa y tomaba el bundi tenía una sensación de querer abrazarla y decirle que lo sentía, que no sabía que era vivir eso, pero que de verdad lo sentía.
4.1.09
4.12.08
Entre el no me acuerdo y el olvido
Y no puedo negar que yo durante algo tiempo fui "especial" (jajajaj ahora me da tanta risa). Yo era de esos que tomaban leche con coca y escupían por el culo....uhhhhh que rudo era yo y a la misma vez que pouser llegué a convertirme con esas pendejadas. Y durante mucho tiempo fui protagonista.Hace algún tiempo alguien me dijo una frase en la que supe que estaba todo lo que yo hice (mejor que hablen de ti, a que pases desapercibido). Ah pero que pendejo era...ya que uno piensa que por las pequeñas pendejadas (yo fumaba mariguana, tomaba vodka y nunca me bañaba...no era la neta?) van hablar de ti.
Y claro que lo hacen!!! y uno se siente tan chingón (mira, todo el mundo sabe quién soy....estoy tan sólo, tan vacío....pero sí ellos saben quién soy, entonces significa que soy alguien!!!!) que piensan que eso es lo que lo hace ser a uno....Mhhhh cuando uno se da cuenta de la verdadera libertad, pero no la pendeja convención que nos aprendemos en las escuelas o alrededor de las personas "radicales", "diferentes" o "democráticas, uno entiende que ni siquiera es necesario que los demás te conozcan.
Porque la libertad va más allá de la cabecita de algún(a) pendejo(a)que piensa que soy naco o un patético de lo peor. No, esas convenciones absurdas las pasé ya hace un buen tiempo, ya pasé la etapa donde cualquier crítica significaba agresión total y acabar con todos aquellos que no pensaban como yo (al final caí en todo lo que criticaba, estás conmigo (ergo, eres igual de loser que yo) o estás en contra de mí (y eso significaba que para mí eras un pendejo inferior, porque no compartías la verdad...mi verdad absoluta).
También pasé la etapa dónde tenía que juntarme con sólo los de mi especie, con aquellos seres que pensaban igual que yo..porque sino, no estaba en el lugar correcto (claro, porque no era pelado por nadie y como nadie entendía que decía...no existía o existía a la mitad)..que hueva, no!!!, ya pasé esa etapa en donde sólo hablaba con ciertas personas. Ahora es simple, hablo con aquellas personas que quiero hablar (y tengo mi derecho de libertad) sin importar si son pousers, inteligentes, nacos o fresas..si son negros, chinos o iraníes. Y ahora hablo de lo que yo quiero...y mis comentarios no van siempre con esa ideología propia de un grupo, que al fin y al cabo es otro aparato para el control social (que hueva), así que igual puedo hablar de fucho, que de literatura, que de política, que de comida, que de comics, que de puras pendejadas.
Lo único que aprendí durante ese camino fue a hablar con la verdad, a nunca volverme a engañar con discursos absurdos o que no creyera, sólo para poder ser aceptado. Eso sí fue lo que aprendí, a ser fiel a mis sueños y a mi ideología...y entonces, ahí fue cuando descubrí la verdadera libertad.... cuando me encontré con un ábanico impresionante de posibilidades, cuando entendí que no tenía que ir a la UNAM para ser "democrático", que no tenía que vestirme como naco "para ser diferente", que no tenía que hablar siempre sobre el sexo de los ángeles para verme como un "crítico de la sociedad". De eso, de eso ya está lleno el mundo y la verdad es que no ha cambiado nada...... de eso, yo ya estoy hasta las pelotas. Ahora yo manejo mi propio discurso y eso...eso es mi libertad.
29.4.08
Para qué
Un primer golpe se escucho y después de eso muchas maldiciones, él dejó derramar una lágrima, una pequeña y tímida lágrima por su lagrimal derecho. Pero ni siquiera se percató. Para qué, era lo que mantenía en su mente.

